Microdramas: un nuevo episodio en la batalla por la atención | La Carta Semanal del Streaming por Elena Neira

El éxito de los microdramas verticales augura una nueva forma de producir, distribuir y consumir ficción

En apenas cinco años, los microdramas han dejado de ser un fenómeno local chino para convertirse en uno de los formatos con mayor crecimiento de la industria audiovisual en todo el mundo. Estas series, con episodios de uno a tres minutos y concebidas para verse en vertical desde el móvil, están dando lugar a nuevos modelos de producción, distribución y monetización. Pero su verdadera innovación no reside tanto en el formato, sino en lo adictivo del mismo. No compiten con la ficción clásica de plataformas sino con el todopoderoso vídeo social. Es ahí, en el tiempo de scroll, donde se está librando una nueva batalla por la atención.  

Hace apenas cinco años el microdrama era un formato prácticamente desconocido en Occidente. Hoy en día la cosa ha cambiado bastante. Esta ficción seriada, con episodios de entre uno y tres minutos y grabada en formato 9:16, se ha convertido en el tema recurrente de artículos, conferencias, informes y proveedores de servicios.

El microdrama vertical nació en China en 2020, dentro del ecosistema de plataformas de vídeo corto como Douyin (el TikTok chino). Poco después servicios como ReelShort, DramaBox o ShortTV comenzaron a sentar las bases de la monetización con un esquema fremium: los primeros capítulos se pueden ver gratis, pero, a partir de cierto momento, el usuario debe pagar para desbloquear el resto, con modelos que van desde los micropagos por episodio a las suscripciones o la publicidad. La combinación de esta mecánica, heredada de los videojuegos on line y de tramas cuajadas de giros inesperados es lo que convirtió a los microdramas en tragaperras de ficción. Son altamente adictivos y, gracias a ello, razonablemente rentables.

La internacionalización del formato ha provocado su mutación. El melodrama y romance erótico dominante en sus orígenes han comenzado a ceder espacio a otros géneros, como el thriller, la ciencia ficción e, incluso, el entretenimiento. Esto ha permitido expandir su público más allá del target de mujeres de entre 25 y 44 años de sus inicios. El aumento en la calidad de las producciones también se ha hecho evidente, gracias a la entrada de productoras profesionales. Y, en paralelo, están surgiendo estudios especializados en IA generativa cuyos procesos logran abaratar y acelerar todavía más la producción. La perspectiva a futuro es prometedora. Las estimaciones de las consultoras que están analizando este fenómeno fijan el crecimiento del mercado en torno a un 7-10% anual, con cifras que estiman su volumen de negocio por encima de los 20.000 millones de dólares a finales de esta década.

Los móviles son el epicentro del entretenimiento diario para el espectador medio, por eso el fenómeno es tan relevante. La cosa no va tanto de inversión publicitaria como de atención. Porque el microdrama, en realidad, no compite con Netflix: compite por acaparar una parte de nuestro scroll diario en redes sociales, sin exigir un compromiso extenso, sino un poco de atención con dosis de dopamina en forma de episodios breves, intensos y emocionalmente eficaces. El vídeo social, de repente, no parece ya intocable. Pero no todo el campo es orégano. Aunque muchos de los episodios se diseminan a través de redes sociales, el ecosistema para el visionado es una app propia que el usuario necesita instalar en su móvil. Y eso ya sabemos que no es fácil.

La frontera entre este nuevo tipo de ficción y el video social, eso sí, ya ha comenzado a diluirse, gracias a la popularización de este nuevo lenguaje audiovisual basado en el impacto inmediato, con planos cerrados, un ritmo vertiginoso y ganchos en cada corte, técnicas que ya empiezan a contaminar la publicidad, el periodismo y hasta la comunicación corporativa. ¿Llegará el formato vertical a consolidarse como el estándar por defecto desplazando definitivamente la lógica horizontal de la televisión tradicional? Parece poco probable. Es fuera del hogar, y no dentro, donde se está librando esta batalla. Dicen que lo que se ve con un ritmo frenético tiende a olvidarse casi tan rápido como se ha consumido. Pero que la falta de relevancia no nos engañe: están seduciendo a un público que no sabía que necesitaba algo así hasta que lo ha visto.

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