El acuerdo de distribución entre RTVE y Netflix es una jugada maestra en la que todos salen ganando
La llegada de La Revuelta a Netflix supone mucho más que una nueva ventana de distribución para el programa de David Broncano. Netflix gana un contenido diario con gran capacidad de fidelización y relevancia local. RTVE, por su parte, amplía el alcance de uno de sus grandes éxitos más allá de la emisión lineal y de RTVE Play. En un momento en que televisión y streaming convergen cada vez más, La Revuelta se convierte en un ejemplo de cómo la colaboración entre ambos modelos puede generar valor para todos los implicados.
Desde el pasado martes los programas de La Revuelta se pueden ver en Netflix. Están disponibles a las 10 de la mañana del día siguiente al de su emisión en La 1. Netflix proporciona así una nueva ventana (en suscripción) que coexistirá con RTVE Play, en donde el programa está disponible en abierto. El acuerdo ha llamado mucho la atención en el sector, no solo por el formato elegido (un programa de actualidad y humor, quintaesencia de la televisión más canónica) sino también porque confirma una tendencia a la que el streaming se está sumando en masa: apostar por la televisión de toda la vida como vía para fidelizar un poco más a su audiencia.
Todo este frenesí por el repositorio televisivo no es nada nuevo. Allá por 2015, cuando Netflix capitaneó el desembarco de las grandes plataformas de streaming internacionales en España, el catálogo de las cadenas de televisión se convirtió en una mina de oro para afianzar su oferta de contenidos en el territorio. Lo que comenzó con licencias de contenidos puntuales con el tiempo ha mutado en diferentes fórmulas de distribución en las que el objetivo de la parte vendedora (ampliar el alcance de sus producciones) está tan claro como el de la compradora (diversificar su oferta). Y la cosa parece funcionar. Basta darse un paseo por Prime Video o Disney+ para comprobar que este tipo de programación termina colándose cada semana en el ranking de lo más visto dentro del servicio.
El acuerdo entre Netflix y La Revuelta es un caso especial porque resulta particularmente estratégico. Las cifras del programa de David Broncano hablan por sí solas. La presente temporada está congregando a más de 1,4 millones de espectadores de media frente al televisor (11,7% de cuota). Además, los highlights del programa pulverizan las estadísticas de consumo y difusión a través de redes sociales. Y aunque no existen datos oficiales de la cuota de mercado de Netflix en España, su cobertura es indiscutible. La Revuelta accederá a una audiencia potencial muy superior a la que consiga congregar RTVE Play.
Cifras al margen, el interés de esta operación está tanto en los elementos que comparten como en lo que cada una, por separado, aporta.
La Revuelta comparte con Netflix su capacidad para generar impacto cultural. Ser capaz de estar en el centro de la conversación no es una cuestión menor: es lo que alimenta la percepción de que es un servicio imprescindible. Si a esto le añadimos que Broncano acoge de forma recurrente mucha de la promoción de los originales de la plataforma, fichar al prescriptor tiene todo el sentido del mundo.
¿Qué puede proporcionar La Revuelta que Netflix no tenga ya? Pues más cosas de las que cabría esperar. Netflix históricamente ha apostado por un modelo de consumo basado más en la intensidad que en la continuidad. Aunque el maratón resulta apropiado para impulsar grandes volúmenes de visionado y cierto impacto cultural, es menos eficaz a la hora de generar tracción en el consumo pasada la estela del estreno. Con un programa como La Revuelta, Netflix tendrá un formato de martes a viernes con potencial para generar un consumo recurrente. Y esto, en la práctica, es la base de la fidelización.
Netflix, además, aumenta su relevancia local al incorporar un programa que ha demostrado sobradamente que cuenta con un peso específico dentro de la actualidad del territorio. Esta conexión resulta particularmente valiosa para reducir la cancelación.
Otro de los grandes atractivos de La Revuelta es su perfil demográfico, algo de lo que se beneficiará especialmente el plan con anuncios de Netflix, sobre todo si se tiene en cuenta que la emisión lineal, al tener lugar en una televisión pública, no tiene publicidad. Y la hora a partir de la cual los programas están disponibles en Netflix tampoco parece casual. El estreno a las 10 de la mañana podría aprovechar el momento en que tiene lugar el pico de circulación de los clips virales de la noche anterior para reforzar la franja de las mañanas.
RTVE también tiene su ración de ventajas en toda esta operación. El aumento en la viajabilidad del formato sin duda contribuirá a aumentar la popularidad de Broncano. Esto, a medio plazo, podría derivar a los seguidores del programa en Netflix a la emisión en directo. También les permitirá alargar la vida del programa más allá del prime time.
Comentaba la semana pasada que las fronteras entre televisión lineal y streaming son cada vez más difusas. Netflix sabe que la atención del público es el recurso más escaso, de ahí que la capacidad de generar hábito, conversación e impacto cultural se haya convertido en un activo tan valioso como cualquiera de sus grandes estrenos. ¿Conseguirá Broncano colarse en el Top 10 de lo más visto en España? Esto todavía está por ver. Lo que parece seguro es que ni esta será la última alianza de estas características que verán nuestros ojos ni la última vez que leeremos Netflix y Broncano en la misma frase.
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